Desde las entrañas de Los Ángeles de mediados de los 80, cuando el glam empezaba a desdibujarse y el punk aún dejaba cicatrices, Faster Pussycat emergió con una identidad propia: sucio, provocador y sin intención alguna de encajar. Liderados por Taime Downe, auténtico icono del sleaze, la banda construyó un sonido a medio camino entre la actitud callejera y el exceso más hedonista.
Su debut homónimo sentó las bases con temas como “Babylon”, “Bathroom Wall” o “Cathouse”, convertidos en clásicos inmediatos de la escena. Su presencia en el documental ‘Decline Of The Western Civilization Part II: The Metal Years’ terminó de consolidar su leyenda en pleno auge del Sunset Strip. Lejos de seguir modas, compartieron carretera con nombres como Mötley Crüe, Guns N’ Roses, Alice Cooper o Motörhead, demostrando que lo suyo iba mucho más allá de etiquetas.